Comienza como una molestia pequeña, pero luego de varios días, me irrito tremendamente. Me enojo, me da rabia. Me cuesta ver bien. Y ya sabemos lo importante que es la vista para todo. Amanecí con ganas de ahorcar a alguien: no quien te las debe, sino quien te las paga.
También me enoja mucho que, al fin me doy por vencida, y tengo que aplicar pomada oftalmológica con esteroides en los párpados y siempre, siempre, conlleva un riesgo.
Me enojo. Me enojo. Me enojo.
Con ganas de atropellar a alguien.
Controlándome para no rematar con inocentes.
Por lo menos, dormí más para no hacerme la vida insoportable a mí misma o ahorcar a alguien en el proceso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario