Al bucear un poco en las raíces psicológicas de mi pénfigo seborreico debo reconocer que siempre he sido una persona que pone distancia ante las otras personas porque me daba miedo que se acercaran emocionalmente y me lastimaran afectivamente. Así que para "sobrevivir" con el menor dolor afectivo posible ponía distancia.
He estado pensando en eso, porque hace unos días dos amigos cambiaron radicalmente sus actitudes hacia mí. Me dolió. Me di cuenta de que se habían colado en mi corazón. De pronto, estaban adentro. Habían llegado dentro, me importaban. Y me estaban doliendo.
Las enfermedades de la piel significan una pérdida de protección. Pierdes la barrera que te separa de los demás, quedas expuesta en carne viva, en sangre y agua. Ya no hay dónde esconderte, ni siquiera en tu propia piel.
También, al ser visibles, las enfermedades de la piel te permiten poner una barrera real entre ti y los demás, porque tu aspecto repele al tener lesiones activas y evidentes. Te conviertes en un gran letrero que dice: "No te acerques", "No me lastimes, porque ya estoy herida".
Cuando perdí toda la piel de la espalda fue como si se me cayeran todas las barreras. La que siempre había tratado de tener una fachada de frialdad, modesta cortesía, ecuanimidad, invulnerabilidad estaba allí llorando, con un dolor físico más allá de lo imaginable. Se abrió un chorro que no ha parado desde entonces: lloro porque muchas cosas me conmueven y me conmueven profundamente. En esa crisis había una decisión: iba a morir antes que mi familiar, quien estaba entrando en la fase final de su propia enfermedad. ¿Me iba a ir con ella? ¿El dolor de verla agonizar iba a terminar con mi vida también?
Creo que mi pénfigo seborreico es como llevar al extremo mi deseo de distanciamiento, de protegerme a toda costa del dolor emocional.
Creo que llegó el momento más temido. Si creía que no iba a lograr sobrellevar el dolor emocional y que este me iba a arrasar, aquí lo tengo: llegó a mi cuerpo, ha puesto en peligro mi vida, me he desarmado, me ha dejado en piezas de rompecabezas y no sé cómo volver a integrarme.
Estoy buscando dentro de mí la posibilidad de volver a armar el rompecabezas. Estoy buscando la fortaleza para enfrentar el dolor emocional sin miedo.
Estoy buscando que el pénfigo seborreico entre en remisión.




