miércoles, 18 de marzo de 2015

Una cara que no es la mía

Tengo que aceptar que esto ha sido lo más difícil: verme en el espejo por la mañana y preguntarme:¿esa soy yo? ¿qué ha pasado conmigo?

La terrible hinchazón de los esteroides, toda, concentrada en tus mejillas. Ha sido triste, triste, triste. 

Cuando encuentro gente que me conoció hace años y no me reconoce hasta que escucha mi voz... te tienes que armar de valor para enfrentar eso. 

Debo aceptar que he sentido que mi identidad se ha vulnerado, se ha debilitado. Y esto ha pasado porque no termino de aceptar lo que veo en el espejo. 

Es un trabajo que hay que hacer: aceptarme y amarme cada vez que echo un vistazo en el espejo. 

También hay un gran desafío: aceptar que eres más que ese rostro, que tu rostro no necesariamente es lo más importante de ti misma. 

Que tu alma inmortal no tiene rostro.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario