El pénfigo seborreico es una enfermedad grave que desde el descubrimiento de los esteroides, dejó de ser mortal. Debo entender que mi enfermedad no me define. Creo que puedo vivir sin sentirme víctima de mi enfermedad.
En realidad, siempre existe la opción de no ser víctima de nada, ni de nadie. Ni siquiera de la supuesta "suerte" o circunstancia o del mero accidente.
Siempre puedo elegir no ser víctima. Siempre.
Pueden haber días difíciles, con dolor, con cansancio, con mucha sangre de por medio, ropa pegada. Puedo reconocer que siento eso, aceptar que ese día tengo paciencia o tal vez no. Y sin embargo, no ser víctima de ello. Encontrar el lugar de paz interior en el que también puedo disfrutar de otras cosas: del cariño de la familia, de la caricia del hijo, de las sonrisas de la amistad.
La vida viene en paquetes de mixturas complejas y revueltas. Y yo la tomo sin ser víctima.
Me cuido, tengo compasión de mí y de mi cuerpo, lo escucho cuando reclama, cuando sangra, cuando se desgarra. Y aún así y todo, no soy víctima.
Vivo la vida que he elegido, Dios no me ha castigado por nada, esta es una de las múltiples circunstancias difíciles de la vida, espero salir de ella.
Y me niego a vivir como una víctima.
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