jueves, 26 de marzo de 2015

Susto: no hay prednisona en las farmacias

Hace tres días me di cuenta de que se habían acabado las pastillas de 5mg, llamé a la farmacia donde siempre compro: oh, sorpresa. La prednisona está agotada. Yo creo que eso solo pasa en Guatemala, país del realismo mágico. 

Como ya era tarde, al día siguiente tomé solamente 10 mg y no 15 mg (mi dosis de mantenimiento). ¿Qué les puedo decir? Durante el día tuve dolor de cabeza; por el tráfico pasé muchas horas dentro del carro y comencé con una sensación de náusea tan fuerte, que hubo un momento en que pensé detener la marcha y bajar a vomitar a la vera de la calle. 

Ah, pero viene lo más lindo: apareció una lesión en el costado de la espalda, del tamaño de una moneda. Resultado: dolor cuando te acuestas y si cambias de posición, despiertas por el dolor. Ropa pegada y lágrimas. Durante la noche aparecieron lesiones en la nariz. Agradecí a mi poder superior que no tenía obligación de salir a ninguna parte, ni encontrarme con nadie externo, fuera de mi familia.

Al siguiente día localicé al dermatólogo y me dijo que probáramos con prednisona genérica, me dio un nombre y, por fortuna, encontré la medicina en otra cadena de farmacias. Cuando llegué a la farmacia, inmediatamente me tomé la pastilla, allí mismo, con un vaso de agua. 

Hace un rato, vino mi hijo y me preguntó si había conseguido la medicina. Le dije que sí. Me dijo: Qué bueno porque te mirabas muy mal ayer. 

No solo me miraba mal, me sentía mal. 

Me alegra mucho estar en mi casa cuando paso estas pequeñas crisis. No tener la obligación de ver a nadie. 

Y al final poder decir: Ya pasó, estoy bien dentro de lo que se puede.  

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