sábado, 24 de enero de 2015

La discriminación y el pénfigo

Decidí abrir este blog, en parte, porque vi el blog de una joven española que cuenta sobre su experiencia con el pénfigo y narraba cómo sus colegas de trabajo la apoyaban. Solo pude pensar: ¡Qué suerte tiene!

Cuando tienes lesiones en la cara, no hay poder sobre esta Tierra que te permita fingir que estás sana. 

En el 2013, la lesión de la nariz era evidente, pero yo no quería tener "cara de luna llena", así que tomaba una dosis de esteroides muy baja. 

Trabajo con gente que se supone promueve valores en jóvenes por medio de educación no formal. En una ocasión, entré a una oficina, y una de las jóvenes se me quedó viendo y le dijo al "educador": "Sí, tienes razón, se parece a Gargamel". Por supuesto, todos los que estaban en la oficina fingieron que no habían escuchado nada. Regresé a mi oficina y me di cuenta que estaba hablando de mí. No tardó mucho en entrar la jovencita con un chocolate y me lo regaló. La había enviado mi jefa, que es también quien tiene a su cargo a ese "educador". He sido objetivo de chistes, indirectas y cuanto cosa se les ha ocurrido. 

Les juro que cuando ocurrió lo de la revista Charlie Hebdo en Francia comprendí totalmente a los terroristas, aunque no justifico la muerte de los dibujantes. Hay un tipo de broma, de chiste, de sátira que lo único que intenta es agredir. En Guatemala, país de la eterna violencia, eso es muy usual. Te dicen: "Aquí nos reímos mucho, vas a ver qué alegres somos", pero no es alegría, lo hacen a costa de las debilidades de las otras personas. 

Aunque les he explicado que en cada viaje a zonas rurales en mi país, me enfermo porque no tengo defensas, no les importa. Me evaden poniéndome ejemplos de otras personas enfermas. 

En el 2014 fui a una comunidad en la que no hay servicios mínimos. Me tuve que bañar en el río porque había demasiado calor. Me salió una especie de salpullido en la piel de los brazos. Cuando le puse un mensaje al médico, antes de recetarme algo, me regañó y tenía razón. Me dijo que cómo podía haber hecho algo así estando inmunosuprimida, que podía haberme contagiado de algo grave. Que iba a tener mucha suerte si era algo leve. 

Por instrucciones médicas, tengo prohibido trasladarme a zonas cálidas. Es cierto, lo comprobé en las vacaciones de diciembre de 2014. Fui a una playa, me picaron muchos mosquitos y jejenes y pesqué un estafilococo en las piernas. De nuevo, el dolor fue innombrable. Tratamiento: 15 días de antibiótico. 

El año pasado, en ciertos momentos, había tanto trabajo que hacer que cuando tenía gripe, no me daba tiempo de ir al médico. Al final del año, me di cuenta que necesito atención médica para controlar un simple catarro porque mi cuerpo no tiene la capacidad de superar, sin ayuda, este tipo de enfermedades. Este año traté de explicarlo en el trabajo y me dijeron que debía hablar con mi superior para ver qué se podía hacer. 

Mi superior estuvo comentando mi petición con el resto del personal, haciendo bromas y chistes en los pasillos de la oficina. Pensé en denunciarlos por acoso laboral. Pero he decidido que será mejor renunciar. 

Es cierto que muchas veces tuve que faltar a la oficina porque las lesiones de pénfigo eran muy dolorosas, pero durante estos dos años, nunca falté a mis responsabilidades, ni hubo algo que se dejara de hacer porque estuviera enferma.  Todos mis informes estuvieron a tiempo y en orden. 

Creo que con este tipo de enfermedad es mejor trabajar de manera independiente. Esto te permite trabajar en tu casa, a tu propio ritmo. Vas a reuniones solamente a coordinar y ponerte de acuerdo. Entregas y apenas has visto a tus clientes.  

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