Los efectos secundarios de los esteroides son lo que más me disgusta. Personalmente, los peores son: a) La obesidad: en cada subidón de esteroides adquiero, por arte de magia, 20 libras más. Es cierto que los esteroides producen más apetito, pero aunque te resistas, de la nada, allí están las libras de más.
b) La alopecia: durante la crisis más fuerte de la enfermedad (diciembre de 2013) perdí mucho cabello. Luego, han aparecido placas de unas costras beige en la coronilla. Estas desaparecen únicamente cuando tomo la dosis más fuerte de esteroides (50mg), cuando empiezo a bajar, aparecen de nuevo. Me arde la cabeza cuando la recuesto en la almohada. Es como tener una corona de espinas en el chakra 7. O es demasiada santidad saliendo por allí.
Las costras tienen un olor peculiar. También lo tenía mi cuerpo entero cuando perdí casi toda la piel de la espalda y tenía grandes lesiones en otras partes. Es un olor muy raro y claro: no es Chanel 5.
Una de las formas en que me motivaba a mí misma cuando algo no andaba bien era ir a la peluquería a que me cortaran el pelo o me lo pintaran o me lo peinaran. Eso se acabó. La persona que me corta el cabello es muy comprensiva y compasiva, pero aún así, no puedo más que cortarme el poco cabello que me queda. Y aunque ella me trata muy bien, siento vergüenza de que vea mi cuero cabelludo así.
Cuando le explico al dermatólogo lo que pasa con el cuero cabelludo me ve con una larga mirada de lástima (ya me explicó que siempre voy a tener manifestaciones de la enfermedad en el cuerpo, siempre). Me pregunta si me he echado el agüita de manzanilla. Sí, lo he hecho. Me da unas muestras de champú antiseborreico. Ya veremos cómo me va.
Lo de las costras me ha producido una gran compulsión: me encanta arrancármelas, ver de qué tamaño son, compararlas. Cuando lo hago, también me arranco el pelo. Pero qué más me da, la compulsión es placentera.
c) El efecto "cara de luna llena": esto ha sido lo más duro. Verme al espejo y no reconocerme. Ver mis mejillas desproporcionadamente hinchadas. Los ojos grandes que siempre dominaron mi rostro, de pronto son chinos. Ha ocurrido que algunas personas no me reconocen hasta que escuchan mi voz. Creo que esta ha sido la cruz más dolorosa para mi vanidad de mujer. No me he dejado tomar fotos por meses. Hasta ahora comienzo a aceptar lo que veo en ellas.
Sin embargo, estoy agradecida porque ningún órgano interno ha sido afectado hasta ahora y mis ojos están incólumes, sin glaucoma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario